Se me ocurre comenzar este nuevo curso académico con el primer paso de la gestión de emociones: la respiración y cómo nos ayuda. Así comenzamos por el principio y adquirimos una herramienta estupenda para el aula.

La respiración nos pone en contacto con las emociones. La respiración es una herramienta fundamental para la gestión emocional. Toda gestión emocional empieza por una toma de conciencia de la respiración, respirar de modo consciente y controlar el ritmo de la respiración.

Por la respiración inhalamos el oxígeno de la atmosfera y exhalamos el CO2 producido el metbolismo de las células. Un proceso indispensable para la vida. Un proceso que nos conecta con el ambiente donde estamos.

 Es sorprendente pero la respiración es una de las pocas funciones que tienen control voluntario y automático. Es decir, respiramos de modo habitual inconscientemente. Pero también podemos tomar el control voluntario de la respiración y regular el ritmo, incluso podemos interrumpirlo, aunque por un tiempo breve, que en lo más habitual no excede de un minuto y que no llega a los 5 ni en los casos más extraordinarios.

Es un proceso que necesita equilibrio, ya que, igual que no podemos pasar mucho tiempo sin respirar, el exceso de oxígeno también es negativo y puede provocar mareos e influye también en crear ansiedad, nerviosismo, que son respuestas emocionales.

Ya hemos llegado a lo emocional: La respiración es un proceso fisiológico que también nos pone en contacto con nuestro cuerpo, el ritmo respiratorio es uno de los elementos que más se afecta por nuestras respuestas emocionales. Un susto nos corta la respiración en su objetivo de prepararnos para afrontar o huir de un peligro. El enfado nos produce una respiración acelerada, acorde a la necesidad de prepararse para la lucha. Etc. etc. La literatura recoge constantemente el hecho de la conexión entre la respiración y las emociones: “La literatura es respiración. Como está escrito el poema, así respira el poeta” (Doris Moromisato, Entrevista para el portal web de la APJ, octubre 2006). Respirar, respirar a pleno pulmón como lenguaje corporal tiene el significado de libertad y la asfixia con la falta de espacio y libertad. Emocionalmente adquiere ese mismo significado.

Teniendo en cuenta lo ya dicho, no resulta sorprendente que el proceso de tomar el control voluntario de la respiración sea el modo más directo que nos lleva a tomar conciencia de lo que estamos sintiendo, nos pone en contacto con nuestras emociones y nos ayuda  a regular las emociones presentes. Es un mismo regular de respiración y emociones a la vez, no son dos procesos diversos. Respirar es un modo de tomar conciencia del aquí y ahora, de poner en marcha el equilibrio de nuestro cuerpo en su armonía global.

Además, no es solo un “darse cuenta” de que hay una emoción, es también desentrañar la información de las emociones. Respirar una emoción es algo que nos permite poseerla, es como absorberla, es aceptarla y hacerla nuestra. Al respirar una emoción la desatascamos. Al tomar conciencia de la respiración tomamos el control del miedo y le podemos mirar a la cara. Esta es la primera operación cuando un alumno llega asustado o enfadado, estoy pensando en infantil y primaria.

Para que ese contacto con lo emocional sea adecuado la respiración debe ser profunda ya que es precisamente el diafragma el que mueve todo nuestro vientre y pone en contacto con los órganos internos. Si la respiración es solo torácica no contacta con las emociones, se limita a cambiar aire, pero no nos permite ese tomar contacto con las sensaciones. La respiración torácica o se vuelve ansiosa o nos desconecta de nuestro cuerpo.

Por eso el primer paso del Proceso Emocional Básico es tomar una respiración lenta y profunda y repetir la operación hasta centrar la conciencia en la respiración, en el entrar y salir del aire. Desde ahí pasar la conciencia a lo que estamos sintiendo y por ello podemos aceptarlo, darle la bienvenida a eso que sentimos. Gracias a la respiración tenemos una herramienta para acceder a la emoción, para poder focalizarla.

Solo me queda añadir que la respiración es una herramienta estupenda también para ti, que tomes una respiración lenta y profunda antes de comenzar la clase o una intervención o una conversación importante con un alumno, de ese modo desconectas de lo anterior, te centras en el aquí y ahora y tomas contacto con lo que estás sintiendo. Esto es algo que te aconsejo porque yo lo practico habitualmente.


Resumo en 5 puntos prácticos la relación entre respiración y emociones:

  1. El primer paso para la gestión emocional es tomar una respiración lenta y profunda ya hacerse conscientes de la propia respiración. La respiración es una herramienta necesaria del control emocional, nos permite asimilar y afrontar el miedo, nos pone en condiciones de gestionar el enfado, etc. 
  2. La respiración nos pone en contacto con nuestras sensaciones y desde ahí con emociones y sentimientos: todo lo que sentimos, tal como se utiliza en español.
  3. La respiración que nos pone en contacto con lo que sentimos es la respiración profunda, la que se efectúa con el vientre y que realiza el diafragma.
  4. La respiración es una herramienta excelente en el aula, que da mucha información de cómo se encuentran los alumnos y ayuda a gestionar las emociones, el nerviosismo antes del examen, las situaciones complejas.
  5. La respiración es una herramienta excelente para ti.